No es un error tipográfico. Es nuestro deseo: que, incluso en cada adiós, sigamos encontrándonos siempre en Dios.
El pasado viernes celebramos en la Residencia San Camilo la merecida jubilación de tres trabajadoras fundamentales en nuestra casa: Carmen, de lavandería; Carmen, auxiliar, especialmente durante tantos años en el turno de noche; y Reme, nuestra peluquera.
Fue un día lleno de emoción, gratitud y recuerdos compartidos. Porque hay personas que no solo cumplen con su trabajo, sino que dejan una forma de estar, de cuidar y de querer.
Gracias, de todo corazón, por vuestra dedicación incansable, por cada gesto sencillo, por cada cuidado silencioso y por todo el cariño que habéis regalado a nuestros residentes durante tantos años.
Vuestra huella queda grabada en la historia de esta casa y, sobre todo, en el corazón de quienes han compartido camino con vosotras.
Os deseamos una nueva etapa llena de descanso, alegría, salud y felicidad.
¡Gracias por tanto!







