Hay personas que no pasan simplemente por una casa: se quedan en ella aunque llegue el día de marcharse.

Nuestra querida Sole se jubila después de una vida entera de trabajo, vinculada a esta residencia desde 1983. Y claro, después de tantos años, aquí no se va una compañera cualquiera. Se va una de esas personas con carácter, con alegría, con canciones que aparecían cuando menos te lo esperabas y con una energía que, para ser sinceros, nunca ha entendido demasiado de calendarios.

Sole ha cuidado, acompañado, escuchado y compartido vida con muchos de nuestros mayores. Y lo ha hecho a su manera: cercana, directa y dejando claro que, cuando había algo que decir, se decía. Vamos, muy de esta tierra: pocas vueltas y el corazón por delante.

En su despedida no podían faltar los suyos. Allí estaban también su madre, su hijo y su sobrina, porque detrás de tantos años de entrega hay también una familia que ha acompañado jornadas, horarios, cansancios, alegrías y muchas historias que seguramente no cabrían ni en varios cafés de sobremesa.

Ahora empieza una etapa nueva. Le tocará eso que llaman jubilación, aunque quienes conocemos a Sole tenemos ciertas dudas sobre la parte de “estar quieta”. Nos da que va a durar poco eso de mirar el reloj sin tener nada que hacer.

Gracias, Sole, por tantos años compartidos, por el cariño puesto en nuestros mayores, por las risas, por las canciones y por haber dejado un pedacito de ti en esta casa.

Te deseamos mucha felicidad en esta nueva etapa. Y tranquila, Sole: si alguna vez echas de menos el jaleo, aquí en Santa Marta seguimos teniendo de sobra.

Hasta siempre, compañera.

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