Sus primeros años



  Judit Vannini nació en Roma el 7 de julio de 1859. Al día siguiente de su nacimiento fue bautizada en la iglesia parroquial de Sant’Andrea delle Fratte, recibiendo el nombre de Judit Adelaida Ágata. Fue su madrina Ana María Papi, hermana de su madre. Su infancia no fue precisamente una historia de felicidad infantil. Su padre, Ángel Vannini, murió en 1863 y su madre, Anunziata Papi, en 1866. Dejaron tres huérfanos: Julia, Judit y Augusto. Aquí comenzó la dispersión total de la familia. Los tres hermanos fueron acogidos por diversas instituciones: Julia, de nueve años, por las Religiosas de San José, en el Foro Trajano; Judit, de siete años, ingresó en el Conservatorio-Orfanato Torlonia de Roma, y Augusto, de cuatro años, vivió algún tiempo en casa de su tío materno Joaquín, siendo acogido más tarde en el Instituto Profesional San Miguel de Ripagrande.

  El Conservatorio Torlonia estaba dirigido por las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl y en él se daba a las huérfanas una educación cristiana y se las preparaba para los trabajos femeninos. En este ambiente recogido fue donde maduró la futura fundadora, que completó allí su formación humanística alcanzando el título de maestra.

  Se conservan algunos testimonios de aquella época que la describen como una muchacha dócil, comprensiva, dulce, empeñada en el trabajo, piadosa, recogida y paciente en el sufrimiento. Expresamente se dice de ella que jamás se la vio con el ceño fruncido. Y eso que ya entonces comenzó a sufrir los dolores de cabeza e intestinales que padecería durante toda su vida.

  En el mismo Conservatorio Torlonia recibió el sacramento de la confirmación e hizo la primera comunión el 19 de marzo de 1873. Según el testimonio de una compañera suya del Conservatorio, Felicidad Anselmi (más tarde Hija de la Caridad), parece ser que ya ese 19 de marzo percibió, de una manera que nos es imposible de determinar, la llamada a la vida religiosa. Dos años más tarde se inscribió en la Asociación de las Hijas de María Inmaculada.

  Aparentemente su vida estaba encauzada hacia el Instituto de las Hijas de la Caridad. A los veinte años, en 1879, manifestó su deseo de ingresar en dicho instituto. En 1883 figura como aspirante en la ciudad de Siena, pero en 1888 debe abandonar a las Hijas de la Caridad. En la historia personal oculta que sólo Dios conoce con exactitud, alegrías y penas, trabajos y sufrimientos, la hicieron madurar entonces interiormente.

  Durante el tiempo que va de 1888 a 1891 trabajó en la casa de las Religiosas del Santísimo Sacramento, al lado del Janículo, y con las Hijas de la Caridad en Portici. En 1891 retornó a Roma, donde vivirá con su tía materna, Ana María.

  Por entonces aparecen en escena sus dos hermanos, Julia y Augusto, que intentan hacerla cambiar de idea sobre sus proyectos de ser religiosa. Pero el deseo de consagrarse al Señor había penetrado profundamente en el alma de Judit y sus mismos hermanos hubieron de desistir de su actitud.

  No es posible conocer con detalle la vida interior de Judit Vannini en estos tiempos decisivos. Pasó una época en la que estuvo “abatida, afligida”, según algunos testigos. De los testimonios de sus compañeras y de distintas religiosas de las Hijas de la Caridad, se puede colegir que, al lado de cierta paz interior, su alma pasó por momentos difíciles y oscuros. Allí, en medio del dolor y de la probable desolación interior, se produjo el encuentro con el Padre Luis Tezza durante los ejercicios espirituales. Judit Vannini había encontrado su camino.