Una santa plenamente humana



  El 16 de octubre de 1994, el Papa Juan Pablo II declaraba Beata a la Madre Josefina Vannini, que, juntamente con el Padre Luis Tezza, de la Orden de los Ministros de los Enfermos, fue la fundadora de la Congregación de las Hijas de San Camilo.

  Además de haber enriquecido a la Iglesia con una nueva Congregación religiosa, dedicada al cuidado espiritual y corporal de los enfermos, ¿qué ha aportado a la vida cristiana la Beata Madre Josefina? Porque el mundo de los santos se presenta siempre como algo misterioso, excitante, encerrando, en cierta manera, retazos de lo mejor de la humanidad. Y necesitamos desvelar con urgencia ese mensaje especial, ese plus de sobrehumano que se esconde en la persona de cada santo.

  La Madre Josefina Vannini es una santa moderna en sentido cronológico. Nace en 1859 y muere en 1911. Pero, ¿cómo fue su vida? ¿Qué dice a sus religiosas? Ligada como estuvo siempre a la ciudad de Roma, donde nació, trabajó y murió, ¿puede decir una palabra de fe, de caridad, a todos los cristianos?

  La Madre Josefina Vannini no ha creado una escuela de espiritualidad. Lo que hizo fue aportar matices y aspectos nuevos, profundizar y extender al mundo femenino un carisma ya existente en la Iglesia: el de San Camilo.

  Es una santa plenamente “humana”. Tuvo dudas, sufrió rechazos, buscó con ahínco y descubrió su camino a los 32 años de edad. Después, su vida fue tan semejante a la de cualquier otro hombre o mujer, que parece casi imposible que haya llegado a ser santa. Y ahí está su secreto. No hizo nada llamativo, no disfrutó de honores o privilegios. Se limitó a hacer bien las “pequeñas cosas” de todos los días, las que ella tanto alabó, ya que “nada es pequeño delante del Señor, sobre todo, cuando se hace con gran amor hacia Él” (Carta de la Madre Josefina Vannini, 31-julio-1909). Ella es un testigo excepcional de la grandeza de lo humanamente pequeño e insignificante cuando se deja penetrar por la acción del Espíritu.