Una orden para servir a los enfermos



  Su carisma de fundador se manifestará a través del contacto directo con los enfermos y después de muchas guardias nocturnas velando por aquellos pobres que ya comienzan a ser llamados por él “las pupilas de Dios” y “mis dueños y señores”. Observando las carencias de la asistencia que recibían de los cuidadores mercenarios, Camilo concibe la idea de formar un grupo de personas que quisieran asistir a los enfermos demostrando un verdadero amor, total y gratuito, como “el que una madre siente por su único hijo enfermo”. Con ellos daría la vuelta a aquella manera tan indigna de asistir a los hospitalizados. Dicha intuición, que rondó su espíritu por unos días, se materializó en su voluntad el 15 de agosto de 1582, fiesta de la Asunción de la Virgen María. Camilo entendió que los cuerpos de aquellos enfermos que él cuidaba estaban destinados, como el de María, a la gloria. También los cuerpos, no sólo las almas. Para poder llevar a cabo su idea, Camilo tuvo que superar muchas dificultades y serios enfrentamientos con las autoridades civiles y religiosas. Alentado por el crucifijo, que le habló dos veces animándolo a seguir, Camilo afrontó las adversidades con tal coraje que, según sus palabras, “todos los poderes del infierno no hubieran podido detenerme”. Salió del hospital de San Giacomo porque las autoridades no entendían su propósito y se fue a vivir con sus compañeros a la iglesia de Nuestra Señora de los Milagros. Allí tomó la decisión de prepararse para el sacerdocio, proyecto que culminó en el Colegio Romano (actualmente Universidad Gregoriana). Camilo quería que su servicio a los enfermos fuera total, que abarcara las necesidades físicas y espirituales. Él, hombre sin letras, estudió teología, aprobó los exámenes y fue ordenado sacerdote el 26 de mayo de 1584.

  A partir de 1585, trabajando día a día en el hospital del Espíritu Santo, comienza a poner por escrito una serie de normas que, como auténticos protocolos, dispondrá que se cumplan en el hospital para un mejor servicio a los enfermos. En dichas normas se establece cómo acoger a los enfermos, cómo hacerles la cama; obliga a pasar por las salas tomando nota de cualquier necesidad para remediarla lo antes posible. Establece turnos de guardia, también de noche; colma los roperos para luego vaciarlos cubriendo necesidades; mejora la comida; abre ventanas para una adecuada ventilación de las salas Quiere que el servicio prestado a los enfermos se convierta en una obra de arte. Si ve que un trabajo no se hace como él querría, lanza su frase habitual: 'Más corazón en esas manos, hermano”. Camilo exige, pero antes cumple. Todas las normas que da nacen de una experiencia contrastada y de las aportaciones de sus compañeros. La suma de tanta sabiduría desemboca en un libro que él tituló: Reglas de la Compañía de los Siervos de los Enfermos” (1584). Para Camilo no se puede ser buen religioso si no se es antes buen servidor.