Muerte del Padre Luis Tezza



  El día 26 de septiembre de 1923, en Lima, en la casa de Santa María de la Buena Muerte, el P. Luis Tezza expira santamente, rodeado de su comunidad que le asiste con sus oraciones.

  La ciudad de Lima quedó desconcertada por su pérdida. En la smisa de las exequias estaban presentes el Nuncio Apostólico, el Ministro de Italia, el Cónsul de América Central, representantes del Cabildo Metropolitano y de todas las Órdenes y Congregaciones religiosas, una comisión de la colonia italiana, representantes de los colegios y una multitud de otras personas. La celebración eucarística fue presidida por el Nuncio Apostólico, José Petrelli, que habló de su admiración hacia el Padre, elogiando su trabajo apostólico, su espíritu de pobreza y de dedicación a los pobres.

  En 1948 sus restos mortales fueron trasladados a Buenos Aires a la capilla de la casa provincial.

  Con ocasión de la exhumación del cuerpo del P. Luis Tezza en Lima, el día 28 de noviembre de 1947, al ser retirada la lápida de mármol, en la pared de cemento del nicho apareció la siguiente inscripción hecha a mano: “Rvdo. Padre Luis Tezza.-APÓSTOL DE LIMA”. Esa mano desconocida que escribió Apóstol de Lima, resumió en esa frase el concepto que los limeños tenían del P. Luis Tezza.

  Cuando falleció, los fieles divulgaron una estampa recordatorio con las siguientes palabras: “A la veneranda memoria del M. R. P. Luis Tezza de la Orden de san Camilo. Fue querido como Padre y venerado como santo.

  Él no existe, pero desde su tumba nos hace oír sus enseñanzas.

  Su figura y continente era de un ángel; su palabra era siempre la de un ministro del Evangelio; su corazón era depósito de nobilísimos afectos; su amistad fue cadena de oro que aprisionó sin violencia miles de corazones y su misión fue siempre salvadora.


 

 

  Pasó por en medio de nosotros como una visión celestial, siempre bondadoso y humilde, siempre cariñoso y caritativo.

  La fe era el principio de sus obras y la bondad le servía como de manto y de diadema”.

  Su peregrinación mortal ha continuado hasta Roma. El 15 de diciembre de 1999 fueron trasladados sus restos desde Buenos Aires a Grottaferrata (Roma), a la Casa General de las Hijas de San Camilo, donde descansan también los restos mortales de la co-fundadora de las Hijas de San Camilo la Beata Josefina Vannini.

  Fue beatificado por su santidad el Beato Juan Pablo II el 4 de noviembre de 2001.