La fundación de las "Hijas de San Camilo"



  Con autorización del Cardenal Vicario, después de un periodo de preparación bajo la dirección del P. Luis Tezza, el día 2 de febrero de 1892, en la capilla de la casa general de los camilos en Roma, en la habitación donde murió san Camilo, el P. Juan Mattis, superior general, entregó a Judit Vannini y a dos compañeras, Victorina Panetta y Manuela Eliseo, el escapulario y la cruz roja de San Camilo con el diploma de afiliación a la Orden. Después de la santa misa, las jóvenes se dirigieron a la calle Merulana para tomar posesión de la pequeña casa, donde -escribe el P. Luis Tezza-, “en la soledad, en el silencio, en la oración y en el trabajo, deberían prepararse para recibir nuestro santo hábito y convertirse en verdaderas hijas de San Camilo y nuestras queridas Hermanas en Nuestro Señor”.

  El día 19 de marzo del mismo año, Judit Vannini viste el hábito religioso, recibe el nombre de Hermana María Josefina y es nombrada superiora de la comunidad recién fundada.

  El P. Luis Tezza les daba todos los días una conferencia “sobre el espíritu del Instituto, la observancia de la regla y el modo práctico de servir a los enfermos” (Mémoires, fol. 12) para transmitir a sus hijas los valores y las exigencias de la vocación camiliana: “testimoniar el amor siempre presente de Cristo a los enfermos mediante el ministerio espiritual y corporal, ejercido aun con riesgo de la vida” (Constituciones, n. 1) paso fundamental para consolidar la nueva Congregación fueron las “Reglas y Constituciones de las Hijas de San Camilo” del año 1893, escritas por el P. Luis Tezza, que se inspiró para ello en las de los Ministros de los Enfermos de 1848.

  La Congregación se consolidó institucionalmente cuando el 8 de diciembre de 1895 la Madre Josefina Vannini emitía la profesión perpetua en compañía de otras religiosas y cinco más profesaban temporalmente. En esta misma fecha fue elegida superiora general de la Congregación.