Joven alegre y despreocupado



  Abandonado a sí mismo, Camilo creció con espíritu ligero, poco propenso a los estudios, alegre y despreocupado. Muy pronto se apoderaría de él la pasión por los juegos de azar.

  Es importante recordar que el siglo XVI es una época de fuertes contrastes en política y religión que hicieron de las gentes que en él vivieron grandes herejes y apasionados santos. Fue un siglo, también, de complejas guerras que minaron la estabilidad de los pueblos promoviendo cambios radicales en la historia del mundo.

  La figura de San Camilo, típica de este siglo, es ejemplar y heroica por manifestar su vocación en la realización de unas intuiciones y en el cumplimiento de sus votos hasta el límite de sus fuerzas. Adelantando acontecimientos, tal vez sea oportuno citar aquí al primer biógrafo del santo, el padre Sanzio Cicatelli, que, siendo su contemporáneo, presenta a Camilo como la encarnación de la figura del buen samaritano en el siglo XVI. Escribe Cicatelli: “Así tenemos que, habiendo pasado desde el principio de la Iglesia por el camino de la vida no sólo uno, sino muchos sacerdotes y levitas, es decir, muchos hombres santos y grandes siervos de Dios, fundadores de otras órdenes, todos enfocaron sus reglas y carismas hacia otras obras santas, ninguno de ellos tomó nunca como carisma especial y con voto la ayuda a los pobres enfermos, a los agonizantes y heridos por la peste. Finalmente, por misericordia, pasando en estos tiempos el piadoso samaritano (que sin duda alguna podemos decir que ha sido San Camilo), viendo cómo esos pobres languidecían, movido por la compasión, se acercó a ellos para curarlos y asumió el peso de ayudarlos y servirlos”.

  Pero retomemos la narración interrumpida. Camilo, con 18 años, entró en el ejército de la mano de su padre y con él participa en diversas campañas militares que lo llevaron desde Zara hasta Túnez. Fue éste un período muy agitado, durante el cual empieza a sentir turbación y soledad. Su padre fallece en 1570. La dureza de la vida a sueldo, su pasión por los juegos de cartas y dados, la corrupción del ambiente militar y la falta de la familia, minaron su salud física y espiritual. Dos veces estuvo a punto de morir y a cada ocasión siguió un propósito de enmienda que, por supuesto, no los mantuvo.