La Iglesia aprueba la Orden



  En 1586, la Compañía fundada por Camilo obtuvo la aprobación del papa Sixto V y fue denominada Congregación de los Ministros de los Enfermos. El mismo pontífice concedió a Camilo y a sus compañeros la distinción de coser una cruz de paño rojo en el pecho del hábito que usaban. Camilo quería que sus hijos emprendieran, en el servicio a los enfermos, una nueva cruzada, es decir, una forma nueva de estar próximos y de asistir a los enfermos. La congregación pasaría pronto, con aprobación de Gregorio XIV, a orden religiosa con el título de Clérigos Regulares Ministros de los Enfermos.

  En ese mismo, año, 1586, Camilo se trasladó a la iglesia de la Magdalena, que se convertirá en la casa madre de la orden. En dicha iglesia, el 8 de diciembre de 1591, fiesta de la Inmaculada Concepción, Camilo, junto con otros veinticinco compañeros, emitió la profesión solemne. El día anterior había sido elegido por sus hijos prefecto general de por vida. Cabe destacar que a los habituales votos de pobreza, castidad y obediencia, añadirá, con su autoridad, un cuarto voto de asistencia a los enfermos, incluso cuando existiere peligro de vida. Con este cuarto voto Camilo pretende que su orden se consagre enteramente a los enfermos y, a la vez, que el peligro de contagio no desanime a sus hijos para entregarse a los apestados.

  El movimiento de expansión de la orden alcanzó poco a poco las principales ciudades de Italia. Eran los príncipes de las diferentes repúblicas y reinos (Venecia, Génova, Milán, Palermo...) los que pedían a Camilo la presencia de sus hijos para instaurar la reforma de la asistencia a los enfermos. A la muerte de San Camilo, los religiosos -divididos en cinco provincias- serán más de trescientos. Su actividad se desarrolló principalmente en los hospitales, lo cual no supuso el descuido de la asistencia en casas particulares, en los barrios más abandonados o en las cárceles.

  Los sacerdotes de la orden llevaban a cabo un servicio espiritual, pero ninguno de ellos eludía las tareas corporales. Los religiosos no sacerdotes, llamados hermanos, ejercitaban la asistencia corporal, aunque ellos también colaboraban de buen grado con los presbíteros. Juntos, unos y otros, ejercían una asistencia completa abarcando la totalidad de necesidades del enfermo. Por otro lado, la orden, como repetía su fundador, tiene que estar abierta a remediar cualquier necesidad, “según el Espíritu nos sugiera”. En momentos muy concretos —brotes de peste y otras epidemias— la entrega de Camilo y de sus compañeros alcanzó cimas heroicas, cumpliendo lo prescrito en su cuarto voto. A más de cuarenta asciende el número de hijos que Camilo vio morir contagiados por la peste. Él, y la orden con él, siempre los consideró auténticos mártires de la caridad.

  Su estado de salud comenzó a empeorar a principios de 1614. El 14 de junio de ese año redactó su carta-testamento, un documento de gran importancia para conocer el carisma y la espiritualidad del instituto camiliano.

  Murió en Roma el 14 de julio de 1614, día en que se celebra su fiesta. Camilo tenía 64 años.

  La Iglesia reconoció el grado de perfección de las virtudes de Camilo, sobre todo, el de la caridad con los enfermos, elevándolo al honor de los altares. Benedicto XIV lo beatificó en 1742, y fue canonizado cuatro años más tarde, en 1746. En 1886, León XIII proclamó a San Camilo, junto a Juan de Dios, patrono de todos los enfermos del mundo. En 1930, Pío XI lo declaró protector del personal hospitalario. La espiritualidad de San Camilo de Lelis ha sido en el pasado y sigue siendo, también hoy, fuente de inspiración y origen de varias familias seglares que quieren servir a los enfermos con la misma entrega con que los sirvió Camilo, el santo de la caridad.

  Angelo Brusco, M.I., superior general, en José A. Martínez Puche (Director), Nuevo año cristiano. Julio, Madrid, EDIBESA 2001, 2ª ed., 305-312 (San Camilo de Lelis, Presbítero, fundador de la Orden de Ministros de los Enfermos Patrono de los enfermos).