Encuentro providencial



  En el mes de diciembre de 1891, las hermanas de Nuestra Señora del Cenáculo organizaron un retiro para las señoras de la colonia francesa residentes en Roma.

  En vísperas del retiro, el predicador que debía venir de Francia no pudo comparecer y las religiosas pidieron al P. Luis Tezza que lo sustituyera. Entre las participantes estaba Judit Vannini, que sabía francés y que se encontraba allí invitada por su director espiritual, el P. Ángel Mondini. La joven, huérfana de padre y madre, educada por las Hijas de la Caridad, intentó ingresar dos veces en aquel Instituto. Dimitida por motivos de salud, se sentía fuera de lugar, deseando consagrarse a Dios en un instituto religioso. Entonces expuso su dolorosa historia al predicador del retiro.

  El P. Luis Tezza le propuso varios institutos religiosos. No obteniendo respuesta, “creyó percibir en aquel momento una luz de lo alto y una voz interior que le decía: ¿No será esta joven el alma escogida por Dios para dar comienzo a la obra que Él te ha confiado?

  El P. Luis Tezza expuso a la joven sus proyectos, preguntándole “si no estaría dispuesta a colaborar con él”. Sin entusiasmo, pero sin oponerse, Judit Vannini respondió: “Déjeme reflexionar, Padre; le daré una respuesta”. Después de haber rezado y pedido consejo, le respondió que se ponía “totalmente a su disposición”.