El encuentro



  El Padre Luis Tezza, de la Orden de los Ministros de los Enfermos, deseaba ver encarnado el espíritu de San Camilo en el mundo femenino. Con tal fin proyectaba la creación de un grupo de religiosas, que uniera, al mismo tiempo, la habilidad profesional con la feminidad para prestar a los enfermos un servicio lleno de espíritu evangélico, además de profunda y realmente maternal.

  El 2 de febrero de 1891, el Consejo General de la Orden de los Ministros de los Enfermos otorgaba al Padre Luis Tezza plenas facultades para llevar adelante su proyecto. El decreto le concedía el privilegio de poder trabajar en Roma como procurador general y en Lille como responsable del grupo que habría de constituirse. Desde junio de 1891 el Padre Luis Tezza permaneció en Roma y, hombre de fe, puso su proyecto en manos de Dios.

  La otra protagonista del proyecto es Judit Vannini. Está desorientada espiritualmente. Sufre las consecuencias de una profunda desilusión. Quiso formar parte del instituto de las Hijas de la Caridad. Pero el 25 de junio de 1888 tuvo que abandonarlo. Y sólo encontró orientación y apoyo en su director espiritual, el Padre Ángel Mondini, a cuya dirección se sometió “con la docilidad de una niña, cumpliendo las más pequeñas indicaciones en el más perfecto abandono”.

  El periodo que va desde 1888 a 1891 fue un tiempo de simple espera en los planes de Dios. Porque el encuentro que cambió su vida tuvo lugar en 1891, durante unos ejercicios espirituales. Organizados por las religiosas de la Congregación de Nuestra Señora del Cenáculo de Roma, al fallar el predicador, se dirigieron al Padre Luis Tezza para que lo sustituyera. Este aceptó. Judit Vannini, por su parte, acudía a estos ejercicios a través de la invitación que le hizo su director espiritual el Padre Ángel Mondini. Hacia el final de los ejercicios, exactamente el 17 de diciembre de 1891, Judit Vannini se acercó al confesonario y habló confiadamente con el Padre. Aquella confesión, más bien discernimiento espiritual, fue la ocasión para que el Padre Luis Tezza, en una súbita inspiración, expusiera a Judit Vannini el encargo que le había sido encomendado por sus superiores. Judit Vannini no respondió en seguida, sino que pidió un tiempo para reflexionar y dos días más tarde, después de haberse aconsejado, aceptó colaborar en el proyecto del Padre Luis Tezza. Con palabras sencillas, impregnadas de profundos recuerdos, describe así Judit Vannini aquellos momentos inolvidables: “P. Tezza. Plaza Farnese, 96. El día 17 de diciembre tuve la suerte de conocer al R. P. Tezza y le expuse los sentimientos de mi alma. El, como Padre, me aconsejó y me abrió los caminos del Señor en los que ahora me encuentro, feliz y contenta. Después de Dios, a él le debo gratitud y afecto filial”.

  Si bien las crónicas y la misma biografía de la Madre conservan el recuerdo de tantas y tantas fechas, para ella el 17 de diciembre de 1891 fue siempre la fecha inolvidable que orientó su vida de manera definitiva: encontró los caminos del Señor y, en ellos, la paz.

  El cuaderno de la Crónica oficial de la Congregación de las Hijas de San Camilo describe de la siguiente manera las consecuencias de esa importante fecha: “El año del Señor de 1892, el 19 de marzo, fiesta del glorioso patriarca San José, a las 7 de la mañana, en la capilla de las Reverendísimas Madres de Nuestra Señora del Cenáculo, el Procurador General de los Ministros de los Enfermos [P. Luis Tezza], en nombre y representación del R. P. Juan Mattis, General de la Orden, con especial facultad de parte del R. Consejo General y con el asentimiento del Emo. Cardenal Lúcido María Parocchi, Vicario de su Santidad, concedía solemnemente el santo hábito de las Terciarias Regulares de los Ministros de los Enfermos a la postulante Judit Vannini, que, en primer lugar, restablecía las Hijas de San Camilo y asumía el nombre de Sor María Josefina”.