En contacto con el dolor y la religión



  En 1571 sufre una molesta herida en el empeine del pie derecho que lo acompañará durante toda su vida. La herida va a más y le obliga a ingresar en el hospital de San Giacomo de Roma. Es allí donde, por primera vez, entra en contacto con los enfermos. Sin embargo, esa nueva situación supuso para él una experiencia negativa, pues le fue encomendado un trabajo como sirviente frente al que demostró no estar a la altura: su pasión por el juego le lleva con demasiada frecuencia a abandonar el trabajo. Por tal motivo, apenas restablecido de su dolencia, lo despidieron del hospital y se vio obligado a volver de nuevo a las armas, pasando más de tres años entre combates y treguas.

  Cansado de su actividad militar, y ya en 1574, aceptó trabajar en un convento de capuchinos que se estaba construyendo en Manfredonia, provincia de Apulia. En este período es cuando en Camilo despertó un proceso de descontento interior que le conducirá a una fuerte experiencia espiritual, considerada como una conversión por él mismo y por los historiadores. Se puede observar como estímulo más inmediato de dicha conversión la larga conversación que mantuvo con un capuchino, fray Ángel, pariente lejano de su familia, quien consiguió que las semillas del bien que había depositado la educación materna en el corazón del joven Camilo, florecieran, ya que se mantenían intactas, a pesar de la vida superficial que hasta entonces había llevado. Al día siguiente a la conversación con fray Ángel, mientras iba de camino montado en un jumento, la crisis interna estalló y la gracia de Dios lo derribó a tierra... Cuando, por fin, se incorporó, sólo acertaba a repetir: “¡No más mundo, no más mundo!”. Su resolución era total. Esta vez no se volvería atrás. Fue el 2 de febrero de 1575, fiesta de la Purificación de la Virgen María.

  Como si de un mapa trazado por la mano de Dios se tratara, para Camilo comenzó la búsqueda de su verdadera vocación, no sin sufrir las dificultades del camino, marcado, eso sí, por la coincidencia de las fechas marianas. Dos veces fue acogido como novicio en la Orden de los Capuchinos y las dos veces fue rechazado al reabrirse la llaga de su pie derecho. Ingresado otra vez en el hospital de San Giacomo de Roma, demostró la firmeza de su conversión con una admirable entrega al servicio de los enfermos. Su fervor, su espíritu y las aptitudes que desarrolla con enfermos y personal sanitario hacen de él un hombre nuevo. Es tal el cambio, que las autoridades del hospital, reconociendo su seriedad y confianza, lo nombran al poco tiempo mayordomo de San Giacomo y luego le encomiendan las tareas de ecónomo general y encargado del personal hospitalario. El contacto con los enfermos y las responsabilidades frente al personal, junto con una vida espiritual guiada sabiamente por Felipe Neri hicieron que naciese en él la convicción de haber sido llamado por el Señor para aquella misión. La asistencia a los enfermos se convirtió en el puerto donde Ca-milo anclará definitivamente tras años turbulentos de búsqueda y anhelos errados.